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La
Catedral de León tuvo en el encuentro de las naves altas uno de
los puntos más conflictivos en la historia del edificio. La cúpula
barroca que durante más de dos siglos estuvo levantada sobre el
crucero fue considerada como una de las causas principales de la ruina
del edificio.
El
crucero de la Catedral de León permaneció cerrado con una
bóveda de crucería simple hasta el siglo XVII. En el año
1631, el Cabildo de la Catedral llamó a Juan de Naveda, arquitecto
mayor del Rey Felipe IV en Castilla, para reparar desperfectos localizados
en el crucero. Pero Juan de Naveda no se limitó a la reparación
de los daños, sino que planteó un aparatoso proyecto destinado
a levantar una grandiosa cúpula barroca en el crucero.
La
cúpula de Juan de Naveda trataba de aportar grandeza y fasto barroco
a la catedral de León. Para levantar la media naranja, el arquitecto
utilizó como apoyo los pilares torales o centrales del crucero.
Sobre ellos colocó cuatro trompas decoradas con figuras de los
Evangelistas. Apoyándose en las trompas fabricó el anillo,
no muy alto, rodeado de una línea de cornisa. Elevada sobre este
anillo, volteó la airosa cúpula. La parte interior de la
cúpula recibió fastuosa decoración de gusto barroco:
se dividió la superficie en compartimentos mediante fajas y en
las hornacinas se esculpieron estatuas de los Doctores de la Iglesia,
mientras que en los medallones se representaron sibilas y mujeres bíblicas.
Esta cúpula no se llegó a cerrar hasta el siglo XVIII. En
1711, Pantaleón de Pontón Setién dio las trazas de
una linterna que tardó unos años en levantarse y finalmente
tuvo que hacerse de madera, para aligerar su peso.
Pero esta colosal máquina barroca fue origen de un sinfín
de problemas para la Catedral de León. La cúpula ejerció
empujes muy fuertes que se sintieron especialmente en dos zonas: en los
pilares del crucero, que, incapaces de resistir el peso, se abrieron en
su parte superior, y en el brazo sur del crucero, que, muy debilitado
por las fuertes presiones que recibió, tuvo que ser constantemente
reparado.
Para intentar asentar la cúpula, fue llamado Joaquín de
Churriguera. Este maestro trató de evitar la apertura de los pilares
colocando unos poderosos pilastrones que remató en pináculos.
Estos pilastrones pesaban más de 350 toneladas, pero, en lugar
de asentar con su peso a los pilares torales, contribuyeron, por el contrario,
a acentuar la ruina del edificio.
La
cúpula y sus pilastrones siguieron incrementando su funesta acción
sobre la Catedral de León durante más de un siglo. En el
año 1857, comenzaron a caer fragmentos cascotes y materiales de
las bóvedas y arcos causando pavor entre la población, que
veía la sombra de la ruina cernerse irremediablemente sobre el
templo. La Catedral de León fue declarada "un edificio herido
de muerte".
Matías
Laviña, nombrado arquitecto de la Catedral de León en 1859,
emprendió la arriesgada tarea de desmontar por completo la cúpula
y sus pilastrones. Estas tareas se realizaron con gran agilidad y arrojo,
desmontándose estos elementos con medios modestos y desde alturas
sobrecogedoras. Desde 1859 hasta 1863, la Catedral de León conoció
un trepidante proceso de desmontes masivos que desarmaron no sólo
la cúpula y sus pilastrones sino todo el brazo sur de la Catedral,
llegándose con los derribos hasta el pavimento y los cimientos
en esta zona meridional de la Catedral. El edificio, tras los desmontes,
presentaba un estado dramático con un inmenso boquete abierto en
el corazón de sus fábricas.
Una
vez desmontada la cúpula barroca no faltaron intentos de volver
a levantar nuevos organismos sobre el debilitado crucero de la Catedral
de León.
El propio protagonista de los desmontes, el arquitecto Matías Laviña,
al tiempo que planteaba la demolición de la cúpula barroca,
presentó en 1860 un proyecto de nueva cúpula para el crucero
de la Catedral de León.
El proyecto de Matías Laviña planteaba en este caso una
cúpula "goticista". Nuevamente levantada sobre los pilares
torales, se erigía a partir de un poderoso tambor con ventanales
goticistas. Estos ventanales apuntados se adronaban con vidrieras y todo
ello se remataba de nuevo con una linterna calada.
Pero la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se pronunció
decididamente "contra la erección de toda cúpula cualquiera
que fuera su forma o carácter". Los gravísimos problemas
que había causado la cúpula barroca desaconsejaban cargar
con nuevo peso al crucero de la Catedral de León. El proyecto de
Matías Laviña no fue aprobado y permanece custodiado en
el Archivo de la Catedral de León.
Varios
años más tarde de estos acontecimientos, una vez asegurada
la estabilidad de la Catedral de León, el arquitecto Demetrio de
los Ríos volvió a insistir sobre la posibilidad de elevar
una torre o flecha sobre el crucero de la Catedral de León. Este
"pensamiento de remate monumental sobre la gran bóveda central
del crucero", como fue denominado por el propio Demetrio de los Ríos,
fue expresado en un anteproyecto fechado en 1885. Pero el propio arquitecto
fue consciente de las dificultades de llevar adelante una obra de esta
envergadura y su sugerencia quedó reducida a lo que él mismo
refería como un "pensamiento".
Como "pensamiento" incompleto, Demetrio de los Ríos se
limitó a esbozar en un plano el arranque de esta torre. Siguiendo
las proporciones de este primer tramo y tratando de completar la idea
de Demetrio de los Ríos, podemos suponer que este arranque de la
torre se hubiera continuado con la erección de varios pináculos,
y todo ello rematado con una airosa flecha o quizás un chapitel
calado que, como decía el arquitecto, remontaba la cruz en el espacio.
Este torre flecha era un intento romántico de dotar a la Catedral
de León de un elemento constructivo cargado de significados simbólicos.
Las formas apuntadas de la arquitectura gótica eran interpretadas
como imágenes alegóricas llenas de sentidos teológicos
con sus flechas dirigidas hacia la inmensidad del cielo.
Además de esta torre rematada en flecha, el propio Demetrio de
los Ríos presentó esta opción junto a otra propuesta
que describió como "una ligera flecha compuesta de diversos
y numerosos cuerpos, ornados de estatuas, hasta recibir la delgada aguja
final de atrevida altura". Posiblemente el arquitecto tenía
en su mente las flechas de madera que Eugène Viollet-le-Duc había
levantado Francia en la Catedral de Notre-Dame y en la Santa Capilla de
París. También podemos aventurar la hipótesis de
cómo hbiera resultado la erección de una flecha de este
tipo sobre la Catedral de León.
Pero al igual que ocurrió con la propuesta de Matías Laviña,
estas ideas de Demetrio de los Ríos fueron desechadas por la Academia
de Bellas Artes de San Fernando que se mostró tajante al decir
que "sobre los pilares torales no debe erigirse torre, cúpula
ni flecha alguna, porque ni consta que la haya tenido el templo, no la
erección de cualquiera de ellas conduciría a otra cosa que
a comprometer la estabilidad del mismo". Ante este juicio, los sucesos
e incidentes experimentados por el crucero de la Catedral tuvieron el
desenlace final que hoy podemos contemplar y que consistió en cerrar
este tramo central del crucero con una bóveda de crucería
simple. De este modo, la Catedral de León recuperaba así
su cerramiento gótico primigenio.
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